La ciudad que cautiva gigantes

  • El porfiriato dio paso a la Colonia Roma, un Circo al nombre de sus calles.

Siempre encontré en la Ciudad de México un refugio emocional, son tantas las historias que miras en un andar que, simplemente quedas cautivado, la Gran Tenochtitlán es un vaivén de emociones que resuenan, un sinfín de momentos que quedan reflejados en una sinfonía perfecta con los sonidos urbanos que entre tamales oaxaqueños y compra de colchones, lavadoras o quizás, algo de fierro viejo que venda se plasma como susurro etéreo en el viento de esta majestuosa ciudad. 

Es por eso que comencé este espacio, uno de letras para llenarme de instantes y demostrarle con colaboraciones que parecerán cartas de amor a esa, la ciudad que me ha cambiado la vida, que me ha adoptado como «chilango» y es que, como reza la definición, uno no debe ser nacido en la ciudad para proclamarse parte de la chilanguería, uno debe crecer y habitar y esa ciudad me ha habitado tantas veces que puedo llamarme afortunado.

Y es que, ha sido fortuito el encuentro que he tenido con esa ciudad, aún recuerdo el primer roce que tuve al llegar a la Colonia Roma, que se asentó en lo que antiguamente se conocía como Aztacalco y después adoptó La Romita por su semejanza a una avenida en Roma, Italia y que además, adoptó el nombre de sus calles gracias a un payaso. 

El payaso que le dio nombre a las calles de La Roma

Todo se remonta a un hecho sui géneris, el personaje que diseñó la Colonia Roma era dueño de un circo el multipremiado Circo Orrín era propiedad de Walter Orrin, que fue considerado en el Siglo XIX el mejor Circo del Mundo y que contaba con la presencia de Richard Bell un payaso formidable que en palabras de Juan de Dios Peza «era más popular que el pulque» y es que, el afamado payaso cautivó en muchísimas ciudades de México y fue justamente eso, lo que le dio nombre a las calles, digámoslo así, las ciudades donde fue más aplaudido, son las calles que hoy forman parte de esa emblemática colonia.

Era tanta su influencia que hoy en día, se pueden observar piezas de su colección en el Museo Rosete Aranda de Huamantla, Tlaxcala (que fue la compañía de marionetas más grande de México) razón por la cual la Calle Tlaxcala se encuentra en plena Roma Sur. 

De ciudades, colonias y calles… 

La Ciudad de México es la mezcla perfecta de todos los habitantes de México viviendo en perfecta sincronía, es una ciudad que inspira, evoluciona y trasciende sin olvidar sus raíces. donde la propia Condesa de Miravalle que hoy, le da nombre a una colonia más, mira expectante dejando las historias y las causas para otra entrega más. 

Y es que, si a mí me toca hablar de la Ciudad de México, siempre diré que es la ciudad que cautiva gigantes y los enamorará en su andar, nos leemos la próxima semana…

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